Fernanda Rossi, reconocida internacionalmente como escritora, conferencista y consultora narrativa (script doctor) ha colaborado en más de 300 documentales, guiones de ficción y tráileres de financiación. Rossi ha dado conferencias y seminarios sobre estructura narrativa y demos en mercados de cine destacados mundialmente. Además, comparte su conocimiento sobre estructura narrativa y el proceso creativo en artículos que han sido publicados en revistas especializadas. Más de 40 organizaciones en 12 países presentaron sus talleres Doctoring your Doc y Trailer Mechanics. Sus propios proyectos como productora/directora incluyen el documental Inventing a Girl, el guión cinematográfico Picture Me! seleccionado para el Laboratorio Sundance y el cortometraje de ficción Clara como el agua, ganador de los fondos LPB en Estados Unidos. 

 

 

 

OCE. ¿Cuál es tu papel en el sector audiovisual?

FR. Bueno, yo tengo varias funciones. Primero soy realizadora cinematográfica y mi trabajo se avoca en la parte de ficción, pero también trabajo como consultora narrativa, que se le conoce a veces como script doctor, y en base a eso hago investigación. Tengo un estudio en semiótica en la Universidad de Buenos Aires como parte de mi carrera de diseño de imagen y sonido, entonces hago mucha investigación sobre todo de la estructura narrativa. Eso hace que viaje por el mundo dando clases y que interactúe con distintas cinematografías.

OCE. ¿Se está viendo cine y audiovisual latinoamericano en el mundo? ¿le importa al mundo lo que está pasando en Latinoamérica?

FR. Sí, Latinoamérica interesa. Creo que todo esto siempre sigue las tendencias políticas. Hoy las tendencias políticas están lideradas por lo que le interesa a Estados Unidos en el mundo, dónde está invadiendo y dónde está haciendo guerra. En los setentas y ochentas, por cuestiones que ya conocemos tristes de dictaduras y demás, a Estados Unidos le interesaba controlar Latinoamérica. Por consecuencia, ese interés va a todos los demás sectores. Entonces había mucho interés en todo lo que era latinoamericano en cuanto a lo cultural, político, social, etc. Hoy el enfoque está en el medio oriente y en los países árabes, China e India. Por consecuencia, las cinematografías que están sobresaliendo o que están teniendo interés, sobre todo en documental que trata temas sociales, son esas.

De todas maneras, lo que tiene Latinoamérica es una población que al igual que la China emigra mucho, de nuevo por cuestiones no felices. Por lo tanto, la cinematografía emigra también. Por eso en los Estados Unidos no importa cuál sea la tendencia política -esto es mi opinión- hay una cantidad de latinos y latinoamericanos enorme -primera y segunda generación- y eso hace que consuman cultura latinoamericana. En Estados Unidos por más que una película latinoamericana no esté en las salas comerciales está en un circuito paralelo. Lo mismo le pasa a la población de origen indio; tienen su propio circuito donde pasan todas las películas de Bollywood. Por más que no estén en el cine de acá a la vuelta, se difunden a través de sus comunidades. Por lo tanto yo creo que el cine latinoamericano siempre va a interesar porque tiene una población que emigra y que hace comunidad en cada país al que va.

OCE. ¿Cómo ves la transformación de la cadena de producción tradicional? ¿Cómo ha cambiado con las nuevas tecnologías específicamente? ¿Es verdad que hay una mejor relación entre el creador y su público?

FR. Hay algo que cambió y es la distribución del poder. Antes la televisión y la radio eran unidireccionales, había una persona que emitía el mensaje -y esto es semiótica pura- y había una persona que lo recibía. Obvio que uno podía llamar al canal y participar, pero la programación estaba definida y era unidireccional. Hoy día todo esto cambió y sigue cambiando, y se siguen buscando nuevos métodos. No sé dónde irá a parar, pero obviamente hoy todos podemos ser emisores de mensajes en distintas plataformas y después encontrar esos públicos. También los públicos pueden elegir su programación. Nadie está atado a la programación de la televisión porque uno lo puede ver en internet en el orden que se le da la gana, a la hora que se le da la gana. Esa idea rígida de la programación prácticamente ya no existe.

Y ahora estamos entrando a una nueva etapa donde se debe democratizar el acceso. Que no esté en manos de unos pocos el acceso a esas audiencias. La gente confunde a veces, creo yo, sobre todo gente muy pro-internet que dice, bueno, lo pongo ahí y tengo el mundo a mis pies. Pero no, porque hay una sobresaturación de información que la gente, como digo, se saca los tiempos de encima. El hecho de que los medios sean democráticos no quiere decir que uno tenga acceso a las audiencias.

OCE. ¿Y eso en qué papel deja ahora al distribuidor?

FR. Yo pienso que el distribuidor inteligente, que se puede adaptar, será muy relevante. Porque ese distribuidor se va a convertir en una especie de estratega mediático, donde su función no sea sólo vender productos sino crear esas audiencias, encontrarlas, crear maneras alternativas de llegar a esos lugares y difundir y crear atención. Creo que empieza a mezclarse un poco el distribuidor y la persona de marketing.

OCE. ¿Cómo ves a los latinoamericanos y el aprovechamiento de nuevas tecnologías? ¿Hemos logrado adaptarnos a las nuevas tecnologías y hacer un uso innovador de ellas, o estamos rezagados?

FR. Que difícil, porque yo soy latinoamericana y me gustaría decir que estamos a la altura de la India, pero no. India creo que fue la que mejor se benefició. Uno de los países más pobres en los setentas. Hoy día no podemos pensar ningún software sin tener la imagen de un indio programándolo. Creo que la India fue la que más supo explotar la situación, no sólo internet, pero de avances tecnológicos en general. Toda compañía tiene una base en India, toda compañía usa algún servicio desde la India. Y creo que las sociedades que avanzaron -esto es muy subjetivo porque esto no es mi tema específicamente- son las que saben apostar al capital humano. La India apostó al capital humano, educó a su gente -estamos hablando de una sola generación o dos como mucho- y pasaron al frente mundial.

Yo tenía la misma esperanza para Latinoamérica, y la verdad pensé realmente que países como Chile, Argentina, Colombia, Venezuela, Brasil, iban a invertir en capital humano y proveer servicios culturales intelectuales de internet, de lo que imaginen. Y no. Recorriendo el mundo me doy cuenta que puede llegar a pasar todavía, pero creo que no se supo aprovechar ese cambio radical que hubo. Creo que estamos a tiempo, lentamente se está empezando a instruir a la gente de cómo capitalizar y creo que va a llevar un tiempo. A mí me costó entrar en esta nueva onda de medios sociales, redes sociales, pero los fondos que se ocupan de esta nueva ola están también manejados por gente que le toma todo esto de sorpresa. Entonces es una adaptación desde las cabezas, desde arriba, para que las nuevas generaciones puedan utilizar eso. Creo que hay una gran ventana de oportunidad frente a nosotros para utilizar todos estos nuevos medios, para que sin importar donde uno viva, pueda producir e integrar conocimientos.

OCE. ¿Cómo es el consumidor de audiovisuales de ahora?

FR. El consumidor cultural está mucho más participativo. Antes uno consumía y su voto estaba por seguir o no consumiendo cierta línea. Hoy no sólo elige consumir o no consumir, sino que también pone su opinión en donde sea. En Amazon no sólo compra o no compra el libro sino también va y pone una opinión. Se volvió mucho más activo y verbal y articulado. Es un consumidor que ni siquiera podemos decirle que es un consumidor, es un interlocutor del discurso cultural. No hay más consumidores, porque esos mismos consumidores crean contenidos en otras áreas. El que consume Star Wars (La guerra de las galaxias), va y crea su propia peliculita homenaje y la pone en Youtube. Entonces no es un consumidor. Creo que la palabra ya entra en desuso. Es un interlocutor cultural que consume y crea, opina e influencia, crea olas de tendencias y demás. Obviamente, todo esto pasaba de alguna manera. Ahora se exacerbó y esa participación es mucho más inmediata y fácil de registrar.

OCE. ¿Y eso afecta al productor?

FR. Claro, eso hace que un consumidor que tenía su pequeña gacetilla, tenía su grupito de fans, era contenido localizado. Hoy los fans de La guerra de las galaxias o de Harry Potter, no son el club del barrio. Hoy se unen todos los consumidores de Harry Potter y crean sus productos y los ponen ahí en internet. El barrio ahora es el internet. Ya no son consumidores, son interlocutores del encuentro cultural. Por eso creo que es mucho más activo, más influyente en las tendencias. Lo que pasa también es que su atención está mucho más dividida. Hay mucho más para elegir. No hay cuatro canales de televisión y tres de radio, y un par de libros y el diario; estamos hablando de cientos de canales por televisión, por internet, cientos de plataformas, cientos de videojuegos, que también son un fenómeno cultural. El tiempo del consumidor o interlocutor cultural está totalmente dividido. Ya es mucho más difícil llamar su atención y reclutarlo, sumarlo. Por eso creo que es un momento muy rico para un productor o un trabajador del medio audiovisual, porque se puede llegar a lugares donde uno no se imaginaba. Le podés dar una programación particular para esa persona. Pero al mismo tiempo los números bajan porque está mucho más dividido. Así que es un momento interesante porque se pierde en algunos lugares y se gana en otros.